sábado, 19 de noviembre de 2011

Las Crónicas de Indias

Trabajo sobre las Crónicas de Indias


A continuación encontrarás preguntas a responder sobre el texto de  Tzvetan  Todorov " La conquista de América: El problema  del otro" (México: Siglo XXI, 1987).

1- ¿Qué implicaciones conlleva la “rabia nominativa” que Todorov atribuye a  Colón? Piensa en este gesto en relación a la figura de América como “página en blanco” y como gesto colonizador.
2- Observa cómo Todorov plantea las actitudes lingüísticas de Colón, con  especial atención a las siguientes afirmaciones: 
- “Con ayuda de la deformación auditiva. Colón emprende diálogos chuscos e imaginarios, el más prolongado de los cuales se refiere al Gran  Kan, objetivo de su viaje. Los indios enuncian la palabra  Cariba, para  designar a los habitantes (antropófagos) del Caribe. Colón oye caniba, es decir la gente del Kan”.
- “La percepción sumaria que tiene Colón de los indios, mezcla de  autoritarismo y condescendencia; la incomprensión de su lengua y de sus  señas; la facilidad con que se enajena la voluntad del otro en aras de un 
mejor conocimiento de las islas descubiertas; la preferencia por las tierras  frente a los hombres. En la hermenéutica de Colón, éstos no tienen un  lugar aparte”.
3- En los siguientes parágrafos, anota la importancia que el autor otorga a la  visión colombina de la “desnudez” de los indios.
4- Busca, en el diario de Colón, otras situaciones en las que podría aplicarse la  siguiente afirmación: “Un sistema de intercambio diferente equivale para él a  la ausencia de sistema, y de ahí llega a la conclusión sobre el carácter bestial  de los indios”.
5- Relaciona la siguiente cita con los conceptos vistos en el tema anterior y con  otros cronistas de la época:
“La actitud de Colón respecto a los indios descansa en la manera que tiene de  percibirlos. Se podrían distinguir en ella dos componentes, que se vuelven a  encontrar en el siglo siguiente y, prácticamente, hasta nuestros días en la  relación de todo colonizador con el colonizado; ya habíamos observado el  germen de estas dos actitudes en la relación de Colón con la lengua del otro. 
O bien piensa en los indios (aunque no utilice estos términos) como seres  humanos completos, que tienen los mismos derechos que él, pero entonces no  sólo los ve iguales, sino también idénticos, y esta conducta desemboca en el  asimilacionismo, en la proyección de los propios valores en los  demás. O  bien parte de la diferencia, pero ésta se traduce inmediatamente en términos  de superioridad e inferioridad (en su caso, evidentemente, los inferiores son 
los indios): se niega la existencia de una sustancia humana realmente otra,  que pueda no ser un simple estado imperfecto de uno mismo. Estas dos  figuras elementales de la experiencia de la alteridad descansan ambas en el  egocentrismo, en la identificación de los propios valores con los valores en  general, del propio yo con el universo; en la convicción de que el mundo es  uno”.
6- La conclusión de Todorov no deja lugar a dudas. Comenta la última frase:  “Así es como, por medio de deslizamientos progresivos, Colón va a pasar del asimilacionismo, que implicaba una igualdad de principio, a la ideología esclavista, y por lo tanto a la afirmación de la inferioridad de los indios. Eso ya en sus primeros contactos (...). En el pensamiento de Colón, la propagación de la fe y la sumisión a la esclavitud están indisolublemente  ligadas. (…) ¿Cómo es que Colón puede estar asociado a esos dos mitos aparentemente 
contradictorios, aquel en que el otro es un "buen salvaje" (cuando se le ve de  lejos) y aquel en que es un "pobre perro", esclavo en potencia? Y es que los  dos descansan en una base común, que es el desconocimiento de los indios, y  la negación a admitirlos como un sujeto que tiene los mismos derechos que 
uno mismo, pero diferente. Colón ha descubierto América, pero no a los americanos”.
7- ¿Cómo explicarías la expresión “las mujeres indias son indios al cuadrado”?




En este sitio podrán encontrar excelente material sobre este tema: http://www.me.gov.ar/artisup/mat/scycc_alu.pdf  



Los comics y los viajes

Considero que las historietas han esperado a un lado del camino de la literatura considerada importante. Sin embargo, desde hace un tiempo ocupa el lugar que se merecía. Aquí un buen análisis...


Una de las historietas que mejor muestra la relación entre la literatura con los viajes es  Tintin.


Su autor George Remí ( o sea Hergé)  a los largo de varios años imaginó las aventuras de este reportero que tenía la misión de viajar por el mundo resolviendo enigmas, con su compañero inseparable, el pequeño Milú.
Para más datos sobre su autor, se puede visitar: http://www.free-tintin.net/espanol/herge.htm
Hergé consiguió dejar testimonios de su tiempo y además imaginó países inexistentes como Sildavia, Khemed o  San Teodoros, o bien se inspiró  de luagres tan reales como el Perú, el Tibet, Rusia o el Congo. También llevó a Tintín al fondo del mar o a la Luna.

Más allá de la próxima versión cinematográfica realizada por Steven Spilberg con "El secreto del Unicornio" aparecen interesantes sitios de Internet en los que se pueden ver todos los lugares que recorrió Tintín a lo largo de toda sus aventuras en un juego sobre el programa Google Earth. 
Esta primera versión de los Viajes de Tintín, consta de treinta etapas a través de Francia, el mundo e incluso la Luna, que recorren algunos de los escenarios descritos en diez álbumes de las aventuras del reportero Tintín. En cada una de estas etapas, se plantean actividades y preguntas que ponen a prueba distintos conocimientos geográficos e históricos del siglo XX, así como de la propia obra del dibujante Hergé, creador del personaje.
Para acceder a esta actividad, debemos tener instalado en nuestro ordenador Google Earth. Abriremos el viaje virtual, aquí el enlace: http://www.voyages-virtuels.eu/voyages/jeu/index.html


Si quieren ver un trailer de la película que se estrena en la Argentina el 5 de enero de 2012, pueden verlo aquí:





Todas las historietas de Tintín son:

  • 1958: El cetro de OttokarObjetivo: la Luna
  • 1959: El secreto del UnicornioAterrizaje en la luna
  • 1960: La estrella misteriosaEl tesoro de Rackham el Rojo
  • 1961: La isla negraEl asunto Tornasol
  • 1962: Tintín en el TíbetStock de coqueTintín en el país del oro negro
  • 1963: El cangrejo de las pinzas de oro
  • 1964: Los cigarros del faraónLas joyas de la Castafiore
  • 1965: El Loto AzulLa oreja rota
  • 1966: Las siete bolas de cristalEl templo del sol
  • 1968: Tintín en AméricaTintín en el Congo
  • 1969: Vuelo 714 para Sidney









Otro viaje, en voz propia...Perlongher recita " Cadáveres"

Néstor Perlongher recitando su poema ”Cadáveres”, escrito durante el viaje de micro entre Buenos Aires y
Sao Paulo, cuando dejaba Argentina, en las postrimerías del ”proceso”, la última y sangrienta dictadura
militar. Poema que se convertirá en una de sus obras principales, todo un símbolo de la época…


CADÁVERES
a Flores
Bajo las matas. En los pajonales. Sobre los puentes. En los canales. Hay Cadáveres
En la trilla de un tren que nunca se detiene. En la estela de un barco que naufraga. En una olilla, que se desvanece. En los muelles, los apeaderos, los trampolines, los malecones. Hay Cadáveres
En las redes de los pescadores. En el tropiezo de los cangrejales. En la del pelo que se toma Con un prendedorcito descolgado. Hay Cadáveres
En lo preciso de esta ausencia. En lo que raya esa palabra. En su divina presencia Comandante, en su raya. Hay Cadáveres
En las mangas acaloradas de la mujer del pasaporte que se arroja por la ventana del barquillo con un bebito a cuestas. En el barquillero que se obliga a hacer garrapiñada. En el garrapiñiero que se empana. En la pana, en la paja, ahí, Hay Cadáveres
Precisamente ahí, y en esa richa de la que deshilacha, y en ese soslayo de la que no conviene que se diga, y en el desdén de la que no se diga que no piensa, acaso en la que no se dice que se sepa…
Hay Cadáveres
Empero, en la lingüita de ese zapato que se lía disimuladamente, al espejuelo, en la correíta de esa hebilla que se corre, sin querer, en el techo, patas arriba de ese monedero que se deshincha, como un buhón, y, sin embargo, en esa c… que, cómo se escribía? c. .. de qué?, mas, Con Todo Sobretodo Hay Cadáveres
En el tapado de la que se despelmaza, febrilmente, en la menea de la que se lagarta en esa yedra, inerme en el despanzurrar de la que no se abriga, apenas, sino con un saquito, y en potiche de saquitos, y figurines anteriores, modas pasadas como mejas muertas de las que Hay Cadáveres
Se ven, se los despanza divisantes flotando en el pantano: en la colilla de los pantalones que se enchastran, símilmente; en el ribete de la cola del tapado de seda de la novia, que no se casa porque su novio ha ………………………….!
Hay Cadáveres
En ese golpe bajo, en la bajez de esa mofleta, en el disfraz ambiguo de ese buitre, la zeta de esas azaleas, encendidas, en esa obscuridad Hay Cadáveres
Está lleno: en los frasquitos de leche de chancho con que las campesinas agasajan sus fiolos, en los fiordos de las portuarias y marítimas que se dejan amanecer, como a escondidas, con la bombacha llena; en la humedad de esas bolsitas, bolas, que se apisonan al movimiento de los de Hay Cadáveres
Parece remanido: en la manea de esos gauchos, en el pelaje de esa tropa alzada, en los cañaverales (paja brava), en el botijo de ese guacho, el olor a matorra de ese juiz Hay Cadáveres
Ay, en el quejido de esa corista que vendía ”estrellas federales”
Uy, en el pateo de esa arpista que cogía pequeños perros invertidos, Uau, en el peer de esa carrera cuando rumbea la cascada, con una botella de whisky ”Russo” llena de vidrio en los breteles, en ésos, tan delgados, Hay Cadáveres
En la finura de la modistilla que atara cintas do un buraco hubiere En la delicadeza de las manos que la manicura que electriza las uñas salitrosas, en las mismas cutículas que ella abre, como en una toilette; en el tocador, tan …indeciso…, que clava preciosamente los alfiles, en las caderas de la Reina y en los cuadernillos de la princesa, que en el sonido de una realeza que se derrumba, oui Hay Cadáveres
Yes, en el estuche de alcanfor del precho de esa ¡bonita profesora! Ecco, en los tizones con que esa ¡bonita profesora! traza el rescoldo de ese incienso; Da, en la garganta de esa ajorca, o en lo mollejo de ese moretón atravesado por un aro, enagua, en Ya Hay Cadáveres
En eso que empuja lo que se atraganta, En eso que traga lo que emputarra, En eso que amputa lo que empala, En eso que ¡puta! Hay Cadáveres
Ya no se puede sostener: el mango de la pala que clava en la tierra su rosario de musgos, el rosario de la cruz que empala en el muro la tierra de una clava, la corriente que sujeta a los juncos el pichido -tin, tin . . . -del sonajero, en el gargajo que se esputa…
Hay Cadáveres
En la mucosidad que se mamosa, además, en la gárgara; en la también glacial amígdala; en el florete que no se succiona con fruición porque guarda una orla de caca; en el escupitajo que se estampa como sobre en un pijo, en la saliva por donde penetra un elefante, en esos chistes de la hormiga, Hay Cadáveres
En la conchita de las pendejas En el pitín de un gladiador sureño, sueño En el florín de un perdulario que se emparrala, en unas brechas, en el sudario del cliente que paga un precio desmesuradamente alto por el polvo, en el polvo Hay Cadáveres
En el desierto de los consultorios En la polvareda de los divanes ”inconcientes” En lo incesante de ese trámite, de ese ”proceso” en hospitales donde el muerto circula, en los pasillos donde las enfermeras hacen SHHH! con una aguja en los ovarios, en los huecos de los escaparates de cristal de orquesta donde los cirujanos se travisten de ”hombre drapeado”, laz zarigueyaz de dezhechoz, donde tatúase, o tajéase (o paladea) un paladar, en tornos Hay Cadáveres
En las canastas de mamá que alternativamente se llenan o vacían de esmeraldas, canutos, en las alforzas de ese bies que ciñe-algo demás-esos corpiños, en el azul Iunado del cabello, gloriamar, en el chupazo de esa teta que se exprime, en el recIinatorio, contra una mandolina, salamí, pleta de tersos caños . .. Hay Cadáveres
En esas circunstancias, cuando la madre se lava los platos, el hijo los pies, el padre el cinto, la hermanita la mancha de pus, que, bajo el sobaco, que va ”creciente”, o Hay Cadáveres
Ya no se puede enumerar: en la pequeña ”riela” de ceniza que deja mi caballo al fumar por los campos (campos, hum…),o por los haras, eh, harás de cuenta de que no Hay Cadáveres
Cuando el caballo pisa los embonchados pólderes, empenachado se hunde en los forrajes; cuando la golondrina, tera tera, vola en circuitos, como un gallo, o cuando la bondiola como una sierpe ‘leche de cobra” se disipa, los miradores llegan todos a la siguiente conclusión: Hay Cadáveres
Cuando los extranjeros, como crápulas, (”se les ha volado la papisa, y la manotean a dos cuerpos”), cómplices, arrodíllanse (de) bajo la estatua de una muerta, y ella es devaluada! Hay Cadáveres
Cuando el cansancio de una pistola, la flaccidez de un ano, ya no pueden, el peso de un carajo, el pis de un ”palo borracho”, la estirpe real de una azalea que ha florecido roja, como un seibo, o un servio, cuando un paje la troncha, calmamente, a dentelladas, cuando la va embutiendo contra una parecita, y a horcajadas, chorrea, y Hay Cadáveres
Cuando la entierra levemente, y entusiasmado por el suceso de su pica, más atornilla esa clava, cuando ”mecha” en el pistilo de esa carroña el peristilo de una carroza chueca, cuando la va dándola vuelta para que rase todos.. . los lunares, o Sitios, Hay Cadáveres
Verrufas, alforranas (de teflón), macarios muermos: cuando sin…
acribilla, acrisola, ángeles miriados’ de peces espadas, mirtas acneicas, o sólo adolescentes, doloridas del dedo de un puntapié en las várices, torreja de ubre, percal crispado, romo clít … Hay Cadáveres
En el país donde se yuga el molinero En el estado donde el carnicero vende sus lomos, al contado, y donde todas las Ocupaciones tienen nombre….
En las regiones donde una piruja voltèa su zorrito de banlon, la huelen desde lejos, desde antaño Hay Cadáveres
En la provincia donde no se dice la verdad En los locales donde no se cuenta una mentira -Esto no sale de acáEn los meaderos de borrachos donde aparece una pústula roja en la bragueta del que orina-esto no va a parar aquí -, contra los azulejos, en el vano, de la 14 o de la 15, Corrientes y Esmeraldas, Hay Cadáveres
Y se convierte inmediatamente en La Cautiva, los caciques le hacen un enema, le abren el c… para sacarle el chico, el marido se queda con la nena, pero ella consigue conservar un escapulario con una foto borroneada de un camarín donde…
Hay Cadáveres
Donde él la traicionó, donde la quiso convencer que ella era una oveja hecha rabona, donde la perra lo cagó, donde la puerca dejó caer por la puntilla de boquilla almibarada unos pelillos almizclados, lo sedujo, Hay Cadáveres
Donde ella eyaculó, la bombachita toda blanda, como sobre un bombachón de muñequera como en un cáliz borboteante-los retazos de argolla flotaban en la ”Solución Humectante” (método agua por agua), ella se lo tenía que contar Hay Cadáveres
El feto, criándose en un arroyuelo ratonil, La abuela, afeitándose en un bols de lavandina, La suegra, jalándose unas pepitas de sarmiento, La tía, volviéndose loca por unos peines encurvados Hay Cadáveres
La familia, hurgándolo en los repliegues de las sábanas La amiga, cosiendo sin parar el desgarrón de una ”calada” El gil, chupándose una yuta por unos papelitos desleídos Un chongo, cuando intentaba introducirla por el caño de escape de una Kombi, Hay Cadáveres
La despeinada, cuyo rodete se ha raído por culpa de tanto ”rayito de sol”, tanto ”clarito”; La martinera, cuyo corazón prefirió no saberlo; La desposeída, que se enganchó los dientes al intentar huir de un taxi; La que deseó, detrás de una mantilla untuosa, desdentarse para no ver lo que veía: Hay Cadáveres
La matrona casada, que le hizo el favor a la muchacho pasándole un buen punto; la tejedora que no cánsase, que se cansó buscando el punto bien discreto que no mostrara nada -y al mismo tiempo diera a entender lo que pasase -; la dueña de la fábrica, que vio las venas de sus obreras urdirse táctilmente en los telares-y daba esa textura acompasada…
lila…
La lianera, que procuró enroscarse en los hilambres, las púas Hay Cadáveres
La que hace años que no ve una pija La que se la imagina, como aterciopelada, en una cuna (o cuña) Beba, que se escapó con su marido, ya impotente, a una quinta donde los vigilaban, con un naso, o con un martillito, en las rodillas, le tomaron los pezones, con una tenacilla (Beba era tan bonita como una profesora…) Hay Cadáveres
Era ver contra toda evidencia Era callar contra todo silencio Era manifestarse contra todo acto Contra toda lambida era chupar Hay Cadáveres
Era: ”No le digas que lo viste conmigo porque capaz que se dan cuenta” O: ”No le vayas a contar que lo vimos porque a ver si se lo toma a pecho”
Acaso: ”No te conviene que lo sepa porque te amputan una teta” Aún: ”Hoy asaltaron a una vaca” ”Cuando lo veas hacé de cuenta que no te diste cuenta de nada …y listo” Hay Cadáveres
Como una muletilla se le enchufaba en el pezcuello Como una frase hecha le atornillaba los corsets, las fajas Como un titilar olvidadizo, eran como resplandores de mangrullo, como una corbata se avizora, pinche de plata, así Hay Cadáveres
En el campo En el campo En la casa En la caza Ahí Hay Cadáveres
En el decaer de esta escritura En el borroneo de esas inscripciones En el difuminar de estas leyendas En las conversaciones de lesbianas que se muestran la marca de la liga, En ese puño elástico, Hay Cadáveres
Decir ”en” no es una maravilla? Una pretensión de centramiento? Un centramiento de lo céntrico, cuyo forward muere al amanecer, y descompuesto de El Túnel Hay Cadáveres
Un área donde principales fosas?
Un loro donde aristas enjauladas?
Un pabellón de lolas pajareras?
Una pepa, trincada, en el cubismo de superficie frívola…?
Hay Cadáveres
Yo no te lo quería comentar, Fernando, pero esa vez que me mandaste a la oficina, a hacer los trámites, cuando yo curzaba la calle, una viejita se cayó, por una biela, y los carruajes que pasaban, con esos crepés tan anticuados (ya preciso, te dije, de otro pantalón blanco), vos creés que se iban a dedetener, Fernando? Imaginá… Hay Cadáveres
Estamos hartas de esta reiteración, y llenas de esta reiteración estamos. Las damiselas italianas pierden la tapita del Luis XV en La Boca!
Las ”modelos”-del partido polaco no encuentran los botones (el escote cerraba por atrás) en La Matanza! Cholas baratas y envidiosas -cuya catinga no compite-en Quilmes! Monas muy guapas en los corsos de Avellaneda! Barracas! Hay Cadáveres
Ay, no le digas nada a doña Marta, ella le cuenta al nieto que es colimba!
Y si se entera Misia Amalia, que tiene un novio federal!
Y la que paya, si callase!
La que bordona, arpona!
Ni a la vitrolera, que es botona!
Ni al lustrabotas, cachafaz!
Ni a la que hace el género ”volante”!
NI Hay Cadáveres
Féretros alegóricos!
Sótanos metafóricos!
Pocillos metonímicos!
Ex-plícito !
Hay Cadáveres
Ejercicios Campañas Consorcios Condominios Contractus Hay Cadáveres
Yermos o Luengos Pozzis o Westerleys Rouges o Sombras Tablas o Pliegues Hay Cadáveres
-Todo esto no viene así nomás -Por qué no? -No me digas que los vas a contar -No te parece? -Cuándo te recibiste? -Militaba? -Hay Cadáveres?
Saliste Sola Con el Fresquito de la Noche Cuando te Sorprendieron los Relámpagos No Llevaste un Saquito Y Hay Cadáveres
Se entiende?
Estaba claro?
No era un poco demás para la época?
Las uñas azuladas?
Hay Cadáveres
Yo soy aquél que ayer nomás…
Ella es la que… Veíase el arpa…
En alfombrada sala…
Villegas o Hay Cadáveres
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No hay nadie?, pregunta la mujer del Paraguay.
Respuesta: No hay cadáveres.

La literatura surge de los lugares que vemos todos los días... pero con otros ojos

Comparto este interesante artículo, aparecido hace un tiempo en el Diario Clarín..

Clarín, Domingo 17 de diciembre de 2000EL MAPA LITERARIO DE BUENOS AIRESUn misterioso viaje de papel
Calles, bares y plazas inspiraron algunas de las páginas más apasionadas de la literatura argentina. Aquí, los entretelones de "Al pie de la letra", un libro que devela los encantos de la ciudad como musa.ALVARO ABOS

Hay frases que leemos y olvidamos, pero que quedan en un rincón de nuestra memoria como una flecha invisible que nos orienta. Advertí que eso me había sucedido, cuando terminé de escribir Al pie de la letra. Guía literaria de Buenos Aires. Al organizar mi itinerario por la ciudad verdadera, que es también un viaje por la ciudad escrita, entendí que, sin haberlo premeditado, el viaje reproducía las líneas de una mano.

Partiendo de la Plaza de Mayo, donde inicié mi travesía una mañana bien temprano, subí por la avenida de Mayo y luego por Rivadavia hasta Flores (línea de la inteligencia). De allí pasé a Villa del Parque y Chacarita, y fui bajando por Corrientes hasta el Bajo (línea del corazón). Atravesé transversalmente la mano (y la ciudad) siguiendo Florida como lo hace la línea del destino, desde la muñeca hacia el nacimiento de los dedos. Ese trayecto, que corta los dos anteriores, me llevó a la Plaza San Martín e, internándome por Retiro, el Barrio Norte, la Recoleta, Palermo, los distintos Belgranos y Núñez, llegué hasta la punta norte de la ciudad (montes de Saturno, Júpiter y la Luna).

Desde Mataderos, descendí nuevamente, reproduciendo en la ciudad la línea de la vida, que en la mano bordea el monte de Venus, y en la ciudad, atraviesa, rumbo al sur, Boedo, Parque Patricios, Pompeya, Constitución, Barracas, la Boca, pasando por Catedral al Sur. Así regresé al punto de partida, la Plaza de Mayo a la que llegué, con las suelas gastadas, la cabeza febril y el corazón exaltado por las experiencias vividas, ya noche cerrada.

Cuando terminé el libro (que me llevó algunos meses escribir pero toda mi vida concebir) recordé una frase leída años atrás y olvidada. Es de Italo Calvino y dice: "La ciudad no dice su pasado pero lo contiene como las líneas de una mano." Todos los libros que he escrito tienen algo o mucho que ver con esta ciudad, y el antecedente de Al pie de la letra está en El cuarteto de Buenos Aires (1997) donde en calles, bares y domicilios, Jorge Luis Borges, Juan Carlos Onetti, Witold Gombrowicz y Roberto Arlt se cruzan, se acechan, se ignoran, se miran a distancia durante un día de 1942. Los cuatro reaparecen en Al pie de la letra, aunque el cuarteto se multiplicó quizás por cien. Creía saberlo todo sobre Buenos Aires y sin embargo escribir este libro me procuró muchas sorpresas: una ciudad es un complicado bosque de signos que suele ocultar más que delatar.

Roberto Arlt, por ejemplo, leído acuciosamente por viejos y nuevos lectores, ¿en qué lugar de Buenos Aires puede ser encontrado? No hay tumba (sus restos fueron cremados y las cenizas esparcidas en el Tigre), y el lugar en que murió, una pensión de la calle Olazábal, ya no existe. Resta en pie la casita de Méndez de Andés que albergó sus sueños de chico, tan pobretona hoy como lo sería a principios de siglo pero ahora mucho más desvalida porque hoy sabemos la memoria que esas paredes albergan y su desamparo nos conmueve.

Por lo menos, continúa poblada de gritos infantiles la vieja escuela General Urquiza, sobre la calle Yerbal, en una de las esquinas de la Plaza Flores, como cuando la frecuentaba -y la maldecía- cada mañana el alumno Roberto Arlt.

Hace pocos días, la memoria arltiana de la ciudad sufrió un nuevo golpe ante la indiferencia general. Cerró la librería Cafure, en Sarmiento 1685, que nada tenía que ver con la literatura de Arlt pero que era una réplica de la astrosa librería de Don Gaetano (a quien Silvio Astier llamaba Dio Fetente). Arlt había localizado el antro en la calle Lavalle; allí el protagonista de El juguete rabioso tuvo su primer trabajo. Eduardo Grossman advirtió que la librería Cafure era una réplica del lugar de la ficción, y en su reciente exposición fotográfica Grisespecesviscosos, en la que recreó escenas arltianas, situó en ese inenarrable depósito de viejos papeles su rememoración de El juguete.

Resta el Teatro del Pueblo, que cuando Roberto Arlt lo frecuentó no estaba en la Diagonal Norte sino en Corrientes al 1500, pero cuyo espíritu de resistencia se aviene con el hecho de morar en un sótano. Un lugar arltiano, a pesar de todos los cambios, es la esquina de Diagonal Norte y Suipacha donde el Rufián Melancólico, en Los lanzallamas, es abatido por unos pistoleros, en una de las escenas más duras y electrizantes de la literatura argentina. La esquina recupera en la noche su desolación urbana, ese perfil geométrico y helado que apresaron para siempre, hace más de sesenta años, las fotos de Horacio Coppola.

Hay escritores que viven en sus textos pero a los que la ciudad borra, y escritores que pueden palparse en lugares que la ciudad ha respetado: por ejemplo, Baldomero Fernández Moreno, cuya casa de Flores Sur se mantiene gallarda, aunque su situación municipal-inmobiliaria es dudosa. La Avenida de Mayo está llena de evocaciones de Baldomero: allí está uno de sus domicilios infantiles, Avenida de Mayo 1130, y sobre todo el Tortoni, al que dedicó un poema que puede leerse en la entrada del viejo café.

Para no hablar del célebre edificio de Pueyrredón y Corrientes, que el pueblo ha consagrado (vox populi, vox dei) como el motivo de "Sesenta balcones y ninguna flor", aunque los testimonios indiquen que ese poema fue en realidad inspirado por un edificio del Paseo Colón.

El viaje literario que narro en Al pie de la letra me permitió explorar algunas de las muchas ciudades superpuestas que conviven en la gran ciudad. Una de ellas es la ciudad de la sangre derramada.

Contra los muros de la antigua Penitenciaría Nacional, en la avenida Las Heras, fue fusilado Severino Di Giovanni en 1931: lo contó el cronista de El Mundo, Roberto Arlt. En el mismo lugar, en 1956, fue fusilado sin juicio Juan José Valle y esta vez fue el padre Hernán Benitez quien testimonió el crimen.

Otra herida de la ciudad de la sangre derramada se abre donde estaban los talleres Vasena, en la calle Barcalá, donde se inició la Semana Trágica (1919), visitada por la literatura de Arturo Cancela y David Viñas. El tercer ángulo de este triángulo rojo está en la esquina de Tucumán y Larrea, donde la policía mató a Emilio Jáuregui en 1969, crimen narrado y glosado en un cuento de Andrés Rivera y en un poema de Juan Gelman.

"Las ciudades, como los sueños, están construidas de deseos y miedos", recuerda Italo Calvino. Y como en los sueños, donde la cronología es avasallada, las épocas se mezclan en las muchas ciudades que son Buenos Aires: así por ejemplo, descubrí una ruta de insania y misterio en la pacífica avenida Montes de Oca, donde, en un decrépito departamento del N 280, el descuartizador Burgos reprodujo en el cuerpo de su amante los desgarramientos de la historia: crimen pasional que inspiró varias novelas.

Otra pasión homicida la evoca, en la Plaza Colombia, el templo de Santa Felicitas; allí Enrique Ocampo mató a su amada Felicitas Guerrero y fue otra Ocampo, Victoria, quien, mucho tiempo después, desenterró esa historia sofocada por la memoria familiar y ciudadana; lo hizo tironeada entre su sangre y su feminismo.

Al 700 de Montes de Oca, escondido tras la fachada de un edificio de departamento, está el chalet secreto de J. R. Wilcock, ese misterioso escritor tan argentino que terminó trasplantado en Italia, donde Pier Paolo Pasolini lo convirtió en Caifás (en la película El Evangelio según San Mateo) y donde comparte el panteón de las plumas del siglo con Alberto Moravia y Elsa Morante. en el extremo de esa Barracas insana, entre los muros del antiguo Hospicio de las Mercedes (hoy Borda) dialogan el gran poeta Jacobo Fijman, ocupante durante veintisiete años de la cama N 13, con su doble en la ficción, Samuel Tesler, quien vive en las páginas del Adán Buenosayres de Leopoldo Marechal; o se intercambian soliloquios el Ergueta de Arlt (uno de sus siete locos), aquel que hablaba con Dios en el loquero, y el poeta uruguayo Montagne, un paciente que le descubrió a su joven médico, el doctor Enrique Pichon-Rivière, la epopeya poética de otro loco sublime, Isidore Ducasse, conde de Lautréamont.

En el Parque Lezama, donde dicen que empezó esta aventura llamada Buenos Aires, danzan un tango literario Néstor Perlongher, el poeta neobarroco y gay, quien justamente tituló uno de sus libros  Parque Lezama, aunque en realidad quería homenajear al Lezama de Cuba, con Oliverio Girondo, que setenta años antes que Perlongher, había descubierto allí "viejos árboles pederastas, florecidos en rosa té".

Según Calvino, una ciudad es una suma de deseos, "un todo en el que ningún deseo se pierde", y sus habitantes perseguimos toda la vida esos deseos. Y así la Galería Güemes, en el comienzo de la calle Florida, era un territorio del deseo (en sus sótanos se abría un codiciado teatro de revistas) para el larguirucho adolescente Julio Florencio Cortázar quien, a comienzos de la década del treinta, se cruzaba sin saberlo con el hosco aviador Antoine de Saint-Exupéry, inquilino de un departamento del sexto piso (hoy lo ocupa un gimnasio brasileño).

Saint-Ex, como lo llamaban sus compañeros, los ases de la Compañía Aeropostal, odiaba todas las ciudades (aunque gustaba de sus cielos y de las ciudades vistas desde el cielo) y especialmente detestaba Buenos Aires, donde estaba muy deprimido, quizás porque su única compañía era un cachorro de foca que ocupaba la bañadera. sin embargo, Saint-Ex, cuando partió de Buenos Aires luego de su año porteño, se llevó dos dones: una mujer amada (Consuelo Suncín, que aquí conoció) y un gran libro, ese Vuelo nocturno que escribió en la Galería de sus desconsuelos, y que iba a consagrarlo. Cortázar, muchos años después, en su cuento "El otro cielo", prolongó la Güemes en la parisina Galería Vivienne, para que en ambas circulara el mismo aire, el aire de la fantasía que respiran las dos ciudades de su vida.

Estos son algunos de los caminos ocultos, de los deseos anhelantes y secretos que Buenos Aires encierra y que yo he perseguido Al pie de la letra, por sus calles, parques, cafés, redacciones, templos, laberintos, estadios, hoteles, bóvedas, cloacas, y por los papeles viejos y nuevos que guardan esas memorias.

Encontrado en: http://ar.clarin.com/suplementos/cultura/2000-12-17/e-00801d.htm.

Cuando las letras ayudan a sanar el dolor

Mi pequeña ciudad de Lincoln se ha visto golpeada por el dolor de un crimen inexplicable. Un pequeño niño de 9 años desapareció al mediodía, a la salida de la Escuela y el jueves ( después de 2 días de angustia) apareció asesinado en un campo cercano al pueblo.
Tal vez las palabras de Rafael Alberti, ayuden a calmar este dolor tan profundo...







                                                             Nana del niño muerto
Barquero yo de este barco,
sí, barquero yo.

Aunque no tenga dinero,
sí, barquero yo.

Rema, niño, mi remero.
No te canses, no.

Mira ya el puerto lunero,
mira, miraló.



De: Marinero en tierra